
Al salir del cine un matrimonio comentaba lo insufrible que había sido aguantar la pedantería de Malick; la mujer respondía:-brutal. C. Boyero cuando hizo la crítica en Cannes (23 de mayo) se deshacía en elogios, sobre todo cuando en escena aparecen los personajes, el matrimonio y los tres hijos. Javier Ocaña, ahora, en el estreno en España, no se queda a un nivel inferior y escribe que es una película inmensa. Y algo está ocurriendo cuando el País del jueves 21 resaltaba que era la película mas vista durante esa semana.
A mi me pareció larga, plúmbea por engolada, con un muy difícil encaje de los particular (la familia) a lo general (la vida, no humana solamente, terrestre, con dinosaurios y todo). Si se hubiera quedado con el relato de esa familia de clase media en los años cincuenta, cuyo padre, Brad Pitt, quiere inculcar a sus hijos unos valores confusos de orgullo, honor y darwinismo social, y una madre dulce y protectora, habría conseguido momentos en los que las sensaciones placenteras y dolorosas que sienten los personajes, llegan al espectador, pero la mezclar esto con lo grandioso, espiritual y misterioso de la vida según Malick, la narración pierde pie y todo se admite porque un genio se expresa. Me pasó lo mismo que a Sean Penn, que no entendía nada de su papel, ni de la película cuando vio a lo que había quedado reducida su participación.
El cine aguantó silencioso las dos horas largas de duración, salvo una chica a la que la tos obligó a salir para no romper el halo misterioso.
